Ley de Peligrosidad Social: Represión franquista (y no tan franquista) a los homosexuales.
Marzo 26th, 2005
Aproximadamente 5000 personas fueron detenidas por actos o actitudes gays durante la dictadura de franco según el recuento de Antoni Ruiz, presidente de la Asociación de Ex Presos Sociales, aunque esta cifra es simplemente una suposición, porque los historiales están dispersos por las distintas cárceles, hubo quienes no llegaron a ser encarcelados, y en otros casos la condena alegaba en vez de homosexualidad delitos como prostitución, matiza el periodista Arturo Arnalte, autor del libro Redada de violetas.
Al principio se los encarcelaba por escándalo público, aunque el delito se hubiera cometido en el dormitorio de la vivienda propia. La figura delictiva de la homosexualidad aparece en 1954, con su inclusión en la Ley de Vagos y Maleantes. “A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados, se les aplicarán para que cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes: a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales, y en todo caso, con absoluta separación de los demás. b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio. c) Sumisión a la vigilancia de los delegados”, decía la ley.
La Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970 dio a la persecución un enfoque más humanista: dar tratamiento. Fue entonces cuando se establecieron dos penales, los de Badajoz y Huelva, para rehabilitar a los homosexuales masculinos (las lesbianas, que sufrieron una fuerte represión social, ni siquiera se consideran). Los presos se dividían según sus tendencias: los “pasivos”, a Badajoz, y los “activos” a Huelva. “La supuesta rehabilitación empezaba y acababa en esta selección”, dice Arnalte.
Si bien Arnalte no menciona las terapias aversivas, que consistían en secuenciar un determinado número de imágenes con hombres y mujeres, propinando descargas eléctricas cuando aparecía un hombre, y cuando era una mujer no (el caso de los hombres gays), los psiquiatras tildaron éste método de un fracaso total.
Las penas oscilaban entre los 3 meses y los 4 años de cárcel, y aunque la ley habla de recluirlos en centros especializados, la mayoría acababan en Carabanchel o en la Modelo de Barcelona, considerada como un infierno. Sobre todo por los acusados y difícilmente denunciados abusos sexuales y violaciones producidos a sabiendas de los vigilantes.
Por si fuera poco, el fin de la condena no significa la vuelta a la normalidad, puesto que durante un año no podían vivir en su antiguo domicilio, y además, su pasado penitenciario era una razón suficiente como para no volver a conseguir trabajo incluso donde antes estuvo empleado.
A pesar de los cambios legales tras las primeras elecciones democráticas, los expedientes permanecieron y siguieron siendo consultados por la policía hasta que la ley se derogó definitivamente en 1995, durante el último año del mandato socialista bajo Felipe González.
Comenta Antoni-Ruiz, fundador de la Asociación de Ex Presos Sociales:
Cuando creía que había rehecho su vida, en 1995 volvió a toparse con su pasado. “Me pilló la policía sin carné. Di mis datos, y cuando consultaron con la central, uno le dijo al otro: ’Ten cuidado, que éste es maricón”. Fue así como se enteró de que seguía fichado. Y comenzó una lucha por limpiar su pasado. “Al principio pedí la destrucción de mi expediente y la de todos los demás homosexuales. Ahora entiendo que deben conservarse como documentos históricos”
En Irak, directamente Sadam Hussein condenaba a muerte a los homosexuales, en Cuba, está prohibido manifestar tendencias homosexuales en público. Y en China, la homosexualidad técnicamente no es delito, aún así, están vigilados, y de vez en cuando son detenidos alegando “gamberrismo”.
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silvarilla Junio 19, 2007at 12:58 am
simplemente alucinante